Una serpiente se ha colado por el retrete de mi casa a la hora de la cena. Sin apenas darnos cuenta se había sentado a la mesa exigiendo un trozo de tortilla de patata y un vaso de cerveza. "Postre no como que por la noche el melón me sienta mal".
Con tal normalidad afrontamos las situaciones en casa.
"¿Puede dormir en mi cama, papá?", dijo mi mayor. "No, hijo, en la habitación de invitados", contesté yo. Y quiero remarcar que dispongo de habitación de invitados.
Pero a pesar de la naturalidad nos quedamos pensando de dónde habría salido la pitón dichosa que comía más que mi cuñado, así que me asomé un poco.
No recomiendo asomarse a un retrete porque corre uno el riesgo de perderse en las profundidades de las cloacas. Y yo convencido de que en Albacete no hay de eso, sino sólo alcantarillas que se mueven o se desbordan.
"Ahora vengo cariño", grité a mi señora antes de lanzarme en un impecable salto del Ángel.
Lo que una persona puede encontrar en las cloacas de Albacete lo dejo para la imaginación porque aquí estoy hablando de cosas serias y verdaderas, como que aparezcan serpientes de pitón en mi retrete.
Al fin salí sin manchas desagradables ni olores acres, con mi señora golpeando con la punta del pie el suelo del cuarto de baño, que vaya horas.
"Cariño, cuando uno se sumerge, se sumerge. Y no veas la cantidad de cosas que he visto".
"Cuenta, cuenta", dijo curiosa. "Pues eso intento", dije haciéndome el interesante.
Por cierto, la pitón acabó con las reservas de la despensa (porque mi casa dispone de despensa separada de la cocina) y se largó por donde había venido con cierto aire de desdén.
Hay días en que las calles, a primera hora de la mañana, huelen a playa.
Cómo es posible este fenómeno en esta ciudad de la Mancha es incomprensible para unas entendederas ajustadas como las mías, pero no me cuestiono el por qué de los fenómenos, sino que aprovecho la circunstancia.
Como acercarme a medianoche a la cama de mis enanos a darles agua o consuelo y notar, de manera incomprensible y en absoluto razonada, que las sábanas huelen a sueño de niño, a dinosaurios, coches de carreras, pelotas chocando contra la pared y plastilina que se incrusta en los dedos.
Ha sido un buen inicio de mañana, con los huesos crujidos del insomnio, la mente turbia de la fiebre y los pies arrastrados de cansancio.
La calla olía a playa, el Mediterráneo se ha colado por las suelas de las zapatillas y repentinamente he sentido el frescor de la arena en la planta de los pies, hasta el punto de levantar mi pie derecho en un gesto reflejo de "uy, qué fría está el agua".
Hay días en que la mejor hora de la mañana es la primera hora, cuando la mente apenas ha recibido impulsos eléctricos de ningún tipo.
Si se hubiera dedicado a esto, ahora lo estarían explotando, o lo habrían echado de un periódico, o estaría sufriendo la crisis económica en forma de despido barato.
Si se hubiera dedicado a esto, estaría pensando en manifestarse por las calles, o parar de escribir para que la gente, la mayoría de la gente, tomara en consideración los puestos de trabajo de los medios de comunicación.
Pero se murió.
Se sentaba delante del ordenador y pensaba y repensaba las palabras adecuadas, para que los artículos fueran legibles, para comunicar algo, para expresarse correctamente. Pero, sobre todo, "para que lo entienda todo el mundo", una cuestión que para él era fundamental, "que no haya distancia".
Por eso daba valor a muchos de esos programas que la mayoría consideramos telebasura, porque entendía que además de trabajo duro, requería un esfuerzo para que todo el mundo lo entendiera: el lenguaje de la mayoría de la gente.
Pero no le dio tiempo.
Sólo le dio tiempo a hacer prácticas en un medio de comunicación que hoy no recomienda nadie debido a sus condiciones de trabajo.
Pero él estaba tan agradecido que hubiera trabajado gratis, y asumo esta afirmación porque una vez empezó, entendió que era lo que quería hacer, se tenía que dedicar al periodismo.
El inconveniente es que no tuvo la suerte ni la oportunidad de que le sucediera como le está sucediendo a muchos profesionales de los medios de comunicación: "Es el momento de colgar la grabadora", "estoy pensando en opositar", "prefiero trabajar en un Mercadona que en prensa", "estaba mejor cuando ponía copas, sin contrato, pero cobraba más y me trataban mejor", "me largo a la Ferralla antes que seguir aguantando a estos HdP", son comentarios que me han hecho muchos trabajadores y trabajadoras de este mundillo.
Pero Nacho ya no está, no podrá verlo, no podrá pelear por sus derechos, no podrá disfrutar como la primera vez que vio su nombre escrito en una página del periódico, o como la vez que vio una foto suya en la portada de esa misma publicación. El hecho de que llevara su firma era secundario, el hecho de encontrarse en el sitio adecuado en el momento exacto, haciendo la foto y preguntando...eso era lo que le daba la vida.
(Podría escribir hasta hacer explotar el ordenador, pero es mi pecho y la falta de respiración quienes me obligan a parar)
Creo que el domingo se celebra el día de la Música, llevo toda la semana escuchando el anuncio en Radio 3. Para conmemorarlo me he comprado (mejor dicho, me han regalado, porque soy un rata asqueroso) el libro England's Dreaming de Jon Savage.
He empezado a leer creyendo que sonaría el God Save The Queen de los Sex Pistols, y de repente he recordado que los libros no suenan: quizás por esto tiene más sentido el Día Europeo de la Música. Quizás por esto se diferencia del Día del Libro.
Luego he recordado el día en que quisimos ser punkis unos cuantos amigos y yo, o cómo el día de carnaval teníamos dos opciones: putas o punkis. Y los sonidos han aparecido sin querer.
He mirado a un lado y al otro preocupado, pero no, era mi cabeza. Es la tremenda capacidad del recuerdo, aunque dicen que el olfato potencia mucho más los recuerdos y la memoria (¿Existe un día de los aromas?), a pesar de que los olores que vienen a mi mente del tiempo en que quise ser punki y no pude-quise-fui capaz es bastante básico: cerveza Mahou y wiski Dic.
Salvo raras excepciones, a lo máximo que llegaron algunos de mi pueblo fue a hacer versiones de todos estos grupos, más teniendo en cuenta que nuestro objetivo no era parecernos a los S.Pistols, sino a Kortatu o La Polla Records. Nos compramos botas militares, nos pusimos camisetas de grupos o camisetas con mensaje y algunos las rompían para parecer más duros.
Muy pocos se dejaron la cresta del mohicano, muy pocos. Pero dábamos cabezazos al bailar, tremendos empujones y codazos. Y no vimos a casi ningún grupo famoso o conocido porque la cultura musical en vivo de la provincia de Albacete en los años 80 era...(digamos que con suerte se veía un grupo en la Feria, y bailábamos punk con Loquilo, los Hombres G, o Mecano)
Si tengo que esperar a que llegue el domingo para celebrar el día, me sentiré como si espero a los cumpleaños de mis hijos para comer tarta de chocolate.
